viernes, septiembre 09, 2005

Roberto Giovanni

Roberto camina por el pasillo que conduce al estudio de su padre con pesar, aguanta tanto como puede las lágrimas, de todos modos es difícil distinguirlas entre toda el agua que cae de su cabello. Las pinturas en las paredes parecen observarlo, es como si cada una de ellas le dijera que al fin ha mostrado su naturaleza, sus verdaderos colores.

Roberto Giovanni es sin duda uno de los hijos preferidos de Paraíso. Puede que tenga que ver con que a su corta de edad sea uno de los chicos más populares en sociedad. Tal vez sea que es talentoso y carismático, solo por no mencionar su belleza física. 16 años, 1.70m de estatura, piel bronceada, cabello oscuro ondulado, cejas pobladas y ojos avellanados, poseedor de una de esas sonrisas que son capaces de hacerte perder el aliento, claro todo esto en una cara hermosa, y un cuerpo delgado pero en excelente forma. Tal vez sea que nació con buena estrella. Pero la verdad es que todo tiene que ver con Vicentico Giovanni, su padre. Si, es rico, es poderoso, pero sobre todas las cosas controla los negocios en la mitad de Isla Paraíso, los controla por el medio que deban ser controlados, pues, es un gangster, un mafioso.

La verdad es que Roberto siempre ha tratado de mantener un perfil bajo, de no ser asociado con su padre, ha demostrado no tener interés en mezclarse en los negocios de la famiglia, sin embargo eso se ha acabado hoy, pues por primera vez Roberto necesita de la ayuda de su padre.

Roberto llega a la puerta del estudio de su padre, esta cerrada y dentro se escuchan voces, son Mariano y Vicentico discutiendo de algún negocio. Se lleva la mano al rostro y aspira aire por la boca y lo expulsa con fuerza, sube la mano hasta su cabello y tira del mechón que queda atrapado entre sus dedos. Su cabello y su cara quedan manchados de sangre. Esta a punto de tocar a la puerta cuando de improviso se abre y se encuentra frente a frente con Mariano. Levanta la mirada hasta que sus ojos se encuentran y el gesto que hace grita una sola palabra: Ayúdame.

Ese momento todo se aclara, de repente la situación parece menos mala. Mariano reacciona rápidamente al ver toda la sangre que no solo mancha su cara, sino también buena parte de su ropa. Cierra la puerta con una mano con velocidad y suavidad al mismo tiempo, mientras con la otra toma a Roberto del brazo y lo jala lejos de esa puerta.

Roberto no lo reflexiona en ese momento, pero Mariano lo acaba de alejar de los negocios de la famiglia por unos cuantos años más. Lejos de ese estudio, en el cuarto de Roberto, Mariano se entera de donde viene la sangre.

Sin duda es difícil de creer que el hijo de un mafioso pueda ser sujeto de un chantaje, aún cuando el chico trate de mantener un perfil bajo, sin embargo algún oscuro secreto del que aún nadie podría enterarse sería la razón y el instrumento. Pero de igual forma es difícil de creer que un chantaje pueda durar para siempre, y en el caso de Roberto duró relativamente poco. Y es que el chantajista, fue poco inteligente, o estúpido, como ustedes quieran, pero cometió el error de presionar demasiado.

Una hora después Mariano llegaba con un par de hombres de su confianza a uno de los muelles en la parte sur de paraíso, la lluvia de dimensión torrencial había sido lo único que había evitado que el cuerpo de Juan Avilez fuera descubierto.

Mientras Roberto intentaba conciliar el sueño después de haber tomado una ducha caliente, Mariano y los hombres de su padre se deshacían del cuerpo de forma que fuera difícil de ser encontrado y mucho más difícil de ser identificado. Pongámoslo así: en pedazos es más difícil saber de quien se trata. Los detalles serían algo que Roberto no se sabría, por lo menos no por ahora. Sin embargo lo que no podía dejar de recordar era la furia que había sentido con las palabras de Avilez, pero sobre todo el ardor en sus puños le recordaba cada uno de las veces que habían sido estrellados contra la cara llena de acne del chantajista. Una y otra vez sus puños se habían hundido, habían cortado, habían roto, y finalmente habían quedado cubiertos de sangre, cuando la furia se disipo, solo quedo un cuerpo con la cara molida a golpes, un charco de sangre y una lluvia que empezaba a caer.

Al día siguiente Roberto no fue a la escuela, no bajo a desayunar y tampoco almorzó, razón por la que por la tarde Mariano le llevó algo de comer. Le dijo que no se preocupara, que todo estaba bien, como cuando se hacía daño o rompía algo cuando era niño, que quedaría entre ellos. Mariano lo había cuidado desde siempre, había sido más hermano mayor que su propio hermano. Se abrazaron y se dieron un beso en la mejilla. Mariano le preguntó como se sentía, que si necesitaba hablar de ello. Roberto solo alcanzó a decir “solo puedo decirte que me alegra que este bien muerto.”. En esos ojos avellanados aún había furia.

2 Los suicidas dicen:

Blogger Aída dice casi moribundo...

que pedo? porque has abandonado los changarros??

2:45 p.m.  
Blogger Yanosoy dice casi moribundo...

Porque mi puta no sirve. Y pos ya tenia un post pa poner aqui, pero pues no puedo ni sacarlo de mi puta

9:12 p.m.  

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