jueves, noviembre 10, 2005

Linea Amarilla

El pequeño Juan estaba de nuevo llorando en los escalones de la entrada a su casa cuando su padre, también llamado Juan, llego a casa. No era suficiente con que Arturo Terrazas lo molestara a diario, le quitara sus cosas y su dinero, al llegar a casa su padre lo reprendía por no comportarse como machito y romperle la madre al tal Arturo.

Juan podía evitar durante toda la mañana encontrarse con Arturo en la escuela, incluso podía irse hasta tarde esperando a que Arturo se hubiera ido, pero a la hora que se fuera inevitablemente tenía que pasar por aquel puente peatonal, donde enfrentaba a su otro gran nemesis, su miedo a las alturas.

Al parecer el pequeño Arturo sentía un placer perverso al molestar a Juan, tal vez tenía que ver con esas veces que lo había seguido hasta el baño de hombres y... bueno, lo había molestado de otras formas a pesar de que Juan se había resistido siempre. Tal vez tuviera que ver con ese rechazo, tal vez era un simple recordatorio de que no le convenía abrir la boca o le iría aún mucho peor.

Era día de nuevo y el pequeño Juan tenía que ir a la escuela, la ida no sería tan traumática pues el viaje lo hacía en auto, sin embargo su padre lo llevaba, mientras le repetía duramente como debía comportarse para que no lo molestaran en la escuela, que si no lo hacía todo el mundo lo trataría como un mariquita.

Ese día se quedo hasta tarde trabajando en el altar del día de muertos, mientras más tiempo se quedara en la escuela menos posibilidades había de que se encontrara con Juan, al haberse quedado tan tarde la maestra le invito algo de comer y le ofreció llevarlo, pues ya eran las seis de la tarde al retirarse a casa. Por supuesto le habían avisado a su madre que se quedaría hasta tarde trabajando en el altar. Sin embargo Juan le dijo que quería irse caminando, que sentía que era un buen día para caminar. La verdad es que solo quería parecer adulto frente a la maestra Sonia, que no solo era inteligente y amable, también era muy hermosa.

La casa realmente no estaba nada lejos de su casa, asi que a habiendo caminado unas cuantas cuadras llego al puente peatonal. Sin duda el pequeño Juan le temía a ese puente peatonal como a pocas cosas en el mundo, ahi se reunían en ocasiones dos de sus mayores miedos. Después de ese puente solo tenía que caminar unas cinco cuadras más, aunque oscurecía y casi no había gente a esa hora, en un sector controlado por la policía de Paraiso no había mucho a que temer. Pero ahi estaba el puente.

Juan empezó a subir los escalones, se aferraba como siempre fuertemente al pasamanos, y medía cada uno de sus pasos, pisando exactamente los escalones donde el suponía era más seguro, al llegar al último levanto la mirada buscando el otro extremo del puente. En su lugar se encontró con tres palabras, Perro del Mal, esa frase que tenía la playera de Arturo Terrazas, esa que lo describía tan a la perfección, lo peor era tal vez que el la usaba con orgullo. El temor se apoderó del pequeño Juan el sudor empezó a salir por sus poros y se aferro como nunca a ese pasamanos.

Arturo lo agarró por el cuello de la camisay lo jalo hacía el lo llevo hasta en medio del puente y empezó a llamarlo mariquita, tal como su padre le había advertido que harían, Juan bajo la mirada, se sentía humillado pero también furioso, no podía soportar tantas formas de abuso. Arturo no dejaba de llamarlo de esa forma, con esa palabra que el odiaba tanto, empezó a sentir ese calor en su interior. De repente Juan se soltó del agarre de Arturo y mientras le decía que el marica era el lo empujo hasta el borde del paso peatonal con tal fuerza que lo hizo caer por el barandal, lo vio ahi tirado, por segundos que parecieron horas, Arturo intentó levantarse pero solo alcanzó a doblarse del dolor, de su pierna saltaba un líquido rojo y algo que era blanco y solido, la pierna se le había roto y el hueso estaba expuesto, la sangre no dejaba de salir y el dolor era insoportable. Su dolor no duro mucho más, el primer auto que estuvo a punto de arrollarlo fue un Tsuru blanco, el conductor pudo desviarse a tiempo, sin embargo el conductor del Camión No 17 de la Linea Amarilla de Ciudad Paraiso, no pudo hacerlo e hizo reventar la cabeza de Arturo como una Sandía madura.

Nadie le prestó atención al niño que bajaba del puente peatonal. Ese niño no dejaría que nadie lo volviera a molestar.

1 Los suicidas dicen:

Blogger Gerardo de Jesús Monroy dice casi moribundo...

Ahora por acá, sobreviviendo a la muerte. Escribiste una narración muy interesante.

9:17 p.m.  

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